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La sociedad chilena es sujeto de un cambio social profundo, el modelo neoliberal implementado en los 80 por la dictadura penetró en  lo más hondo de la cultura. La transición hecha por los gobiernos de la Concertación modeló de cierta forma una clase progresista, pero burguesa, que busca cambios sociales pero sin perder los buenos dividendos del mercado. En resumen, tenemos una especie de país que tiene a un sector queriendo ser Europa y el otro queriendo ser Estados Unidos, ambos modelos cuestionados por la crisis económica y social actual no encuentran hoy en nuestro país, ningún tipo de reflexión propia, que interprete una mirada del proyecto político, económico y social desde dentro.

 

En lo que respecta al sistema político, en las pasadas elecciones presidenciales emerge Marcos Enríquez Ominami como válvula de escape a un sistema gastado, que entrega frescura y novedad, con propuestas razonables, pero lo que más hace sentido (en mi opinión) a la sociedad chilena es esa necesidad por el recambio que se alberga en ciertos sectores.  Y digo ciertos sectores porque una cosa es la sociedad chilena en su conjunto, y otra cosa es el electorado chileno. El asunto es que MEO logra un inimaginable 20 % y parece concretarse la idea de que es posible una alternativa política en nuestro país, más progresista, más parecida esa tan anhelada Europa del bienestar.

 

En el gobierno de Piñera comienzan a estallar los casos de colusión y abuso de las empresas privadas a los millones de consumidores chilenos que cegados por los créditos y avances en efectivo no leen lo que firman y luego terminan pagando 2 o 3 veces lo que les prestan. De allí emerge entonces un paladín que viene a explicar cual profesor didáctico como es que dichas empresas friegan a la gente, y no contento con ello da soluciones salidas del sombrero de mago para solucionarlas. Su nombre: FRANCO PARISI.

 

Nótese que lo que hizo Parisi (y su hermano) no fue otra cosa que repetir lo que ya había hecho el profesor de Economía español Leopoldo Abadía  con la explicación de la llamada crisis NINJA, lo que pasó es que a éste señor no se le ocurriría ser candidato a Presidente por ello.

 

Tanto MEO como PARISI, conocedores y bien formados en el Chile del capitalismo cultural, vieron la oportunidad de negocio perfecta, pues en el mercado de electores, hay un segmento que esta cansado de los productos tradicionales y necesitados de nuevos productos que respondan mejor a sus exceptivas. Sin embargo  a ambos les es imposible llevarse la cuota de mercado mayor.

 

Tenemos en el mercado electoral varios perfiles. El primero es el tradicional derechas o de concertación, ellos tienen una carga cultural importante, histórica, vivieron la dictadura y sus marcas son tan profundas que difícilmente la gran mayoría de ellos cambiará su voto. Es dicho segmento el que aglutina la Nueva Mayoría y la Alianza, donde los primeros adquieren mayoría relativa sobre los segundos.

¿Y por qué gana Piñera? la razón tal vez es más sencilla que compleja, pues resulta que existía un hartazgo de la Concertación y Piñera era novedoso sin ser completamente de la derecha pinochetista, algunos en la derecha le llaman: DC.

 

Con el crecimiento y evolución poblacional, se comienzan a criar dos tipos de nuevos electores: el izquierdista burgués y el liberal light. De aquí sale ese 20 por ciento de MEO en las pasadas elecciones, y de allí mismo que PARISI bordea el 10% en las encuestas electorales del presente año.

 

El tercio del 20 % (que no es un tercio por supuesto) es el porcentaje de los que realmente desean y ejercen su derecho por una alternativa política. Los de izquierda burgueses son aquellos desencantados con la Concertación, algunos inclusos fueron siempre críticos, pero minoría aún porque todavía se encuentra en proceso de crecimiento y fortalecimiento, Enríquez Ominami entiende que es un proceso lento y que requiere esfuerzo y amplitud hacia sectores más populares, cuestión que aún no logran los izquierdistas burgueses que viven aún en otro mundo.

 

Los liberales light se desprendieron de MEO, menos interesados en los grandes pensamientos y cambios estructurales, el liberal light es un elector muy cómodo con el sistema, conservador o no en lo moral, pero de lo que si está seguro es que “no le interesa la política ni los políticos” y PARISI le dan en el clavo, pues MEO es muy político para ellos, él tiene partido y está metido en el sistema, PARISI es su sueño hecho realidad, clarito, eficiente, barato (porque no pide compromisos) y rápido, justo como cualquier cosa que ellos compran en el Mall.

 

Aquí se perdieron los liberales burgueses como Velasco o Bellolio, pues ya he dicho que a ese 10% de electores no les interesan los políticos.

 

Falta mucho tiempo para que maduren estas nuevas alternativas, todos quieren formar su movimiento o partido, elaboran productos creyendo que la mayoría está con ellos. Y es cierto que pueden haber grandes mayorías ciudadanas exigiendo cambios, el problema es que las grandes mayorías ya no votan, y sólo lo hacen las mayorías electorales, de esas todavía la que manda es el elector tradicional, que irá sagradamente a votar porque así aprendió y lo seguirá haciendo, porque prefiere a diablo conocido que por conocer.

 

Mientras el tercio del 20% (y los demás también) no aprendan que deben formar ciudadanos y no sólo electores, recuperando el sentido republicano de votar y participar activamente en la vida política, seguiremos como estamos y los cambios serán a la misma velocidad, la velocidad del crecimiento natural de la población. 

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